Himalayo

Viéndolo, es casi imposible que no se nos escape un suspiro ante tanta belleza. El gato himalayo es de tamaño medio y cuerpo macizo, con la cabeza redonda, un tanto abombada y unos penachos coronando las orejas. Los ojos grandes, redondos y de color azul le confieren una cierta expresión de curiosidad.

Estos felinos poseen un pelaje del que casi puede hablarse como cabello: largo, sedoso y muy suave. En cuanto a los colores, presenta una capa de pigmento en las zonas distales del cuerpo: lo que se conocen como points. El resto de su anatomía es más claro. Los referidos points pueden presentarse azules, marrón foca, lila, rojo, chocolate y torties.

Persa más siamés, igual a himalayo

Los antepasados de esta raza son bastante evidentes. Basta con mirarlos para saber que son un cruce entre gatos persas y siameses. Concretamente, poseen la forma de un persa y el color de un siamés. En Europa se los considera una subraza el persa; mientras tanto, en Estados Unidos se los trata como raza de pleno derecho.

En cualquier caso, la historia del himalayo comienza lejos de la susodicha cordillera. En Suecia, en 1924 se inició el cruce de las razas que dieron origen al gato del que estamos tratando, aunque el trabajo definitivo en este aspecto se culminaba en Estados Unidos en los años treinta. Concretamente, lo hacían Clyde keeler y Virginia Cobb, en la Harvad Medical School, investigando sobre la transmisión genética de los colores. En Inglaterra se siguió con el trabajo de selección después de la II Guerra Mundial.

En cuanto a su forma de ser, nos encontramos con un gato tranquilo, sociable, que convive muy bien con humanos y animales, además de tener una paciencia de maestro zen con los niños. Es, además muy curioso y vital, como sus antepasados siameses, aunque algo menos comunicativo que ellos, por más que en épocas de celo se hagan oír.

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