Vías urinarias bajas en el gato

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Enfermedades de vías urinarias bajas en el gato

El sistema urinario está formado por los riñones, que filtran la sangre y excretan la orina, y los uréteres que conducen la orina desde la pelvis renal hasta la vejiga de la orina, en donde queda almacenada hasta el momento de la micción. Una estructura anatómica sumamente importante para entender los problemas que vamos a describir en el presente artículo es la uretra. La uretra del gato empieza en el cuello de la vejiga y termina en el glande, mientras que en la gata, comienza en el cuello de la vejiga y termina en el vestíbulo vaginal.

Existen más de 40 posibles causas de signos urinarios de las vías bajas del gato. El primer reto clínico con el que nos enfrentamos los veterinarios es, por tanto, el de establecer la causa de estos síntomas o signos que serán los que nos van decir que el gato está enfermo.

Las etiologías o causas que nos vamos a encontrar más a menudo son:

Procesos idiopáticos (más de la mitad de los casos)

Urolitiasis (formación de cálculos en vías urinarias)

Tapones uretrales (formaciones que se pueden encontrar en la uretra felina, constituidas por una sustancia amorfa a la que se agregan mayor o menor cantidad de minerales en forma cristalina). En un 16 por 100 de los casos, estos tapones no contienen minerales.

Infecciones urinarias, aunque no debemos olvidar que en muchas ocasiones puede darse una etiología mixta (urololitiasis con infección)

De cualquier forma, hay una serie de signos previos que pueden fácilmente pasar desapercibidos como son:

Lamido insistente o más frecuente de la zona perineal.

Viajes más frecuentes a la caja, aunque se produzca una micción aparentemente normal.

Presencia de micciones fuera de la caja, aunque sean de aspecto normal.

Búsqueda de lugares de estancia poco habituales.

Cambios de carácter.

Señales de intolerancia a las caricias en la tripa.

Ligera tendencia a la protusión peneana.

Ante un gato con alguno de estos signos deberíamos realizar los análisis necesarios para poder llegar a un diagnóstico. El problema es que casi nunca habréis sido lo suficientemente observadores como para daros cuenta de ellos y acudiréis al veterinario cuando los signos mencionados hayan pasado a ser síntomas más que evidentes de que algo no marcha bien.

Así, nos encontraremos en la mayoría de las ocasiones con gatos que presentan un historial claro de disuria (emisión dolorosa o difícil de la orina) y polaquiuria (emisión anormalmente frecuente de orina), con palpación dolorosa de una vejiga bastante llena. La mayoría de estos gatos suelen presentar hematuria (sangre en la orina). Estos gatos normalmente ya han perdido algo de su apetito habitual, han disminuido su actividad y han presentado algún vómito.

En otras ocasiones nos encontraremos con gatos obstruidos, que son incapaces de orinar y que presentarán falta de acicalamiento, decaimiento y deshidratación. Estos gatos requerirán atención urgente ya que normalmente son animales con anorexia, debilidad, depresión, vómitos, dolor abdominal, deshidratación e hipotermia. Además, debido al reflujo de orina a los riñones, se podrán presentar complicaciones renales como azotemia acidosis (aumento de urea en sangre), hipercaliemia (aumento de potasio en sangre) e hiperfosfatemia (aumento de fósforo en sangre).
Fuente: elmundodelgato.com

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