Gatos en paracaídas

Cuando hacemos referencia a este tema, No estamos comentando las actividades intrépidas de gatos que se arrojan desde una avioneta ni nada por el estilo. Los gatos paracaidistas son aquellos que, bien por curiosidad, por falta de cálculo o por despiste, acaban con sus huesos sobre el suelo tras una caída de varios metros de altura.

Supongamos que un felino  vive plácidamente en un apartamento en la quinta planta de un edificio. Como la mayoría de los felinos, siente un interés casi hipnótico por todo aquello que sucede al otro lado de los cristales de las ventanas.
Una mañana, como todos los días, airea la habitación abriendo de par en par sus ventanas. El gato, de un ágil salto, se sube al poyete de la ventana, pero la falta de costumbre impide que el cálculo sea correcto y su cuerpo siente el efecto de la gravedad, que lo atrae a alta velocidad contra el pavimento de la calle.

Este supuesto es una de las formas en las que un felino adquiere el sobrenombre de “paracaidista”, pero existen otras supuestas variantes que permiten que un gato adquiera tan poco deseado calificativo.
Muchos gatos, con el consentimiento de sus propietarios, “disfrutan” del aire exterior que les proporciona la apertura de ventanas, balcones. Sin embargo, estos felinos, a pesar de tener controlado el deambular por estas zonas de riesgo, tienen “despistes” y pierden el equilibro. Su interés por algún objeto (lo más habitual es la ropa tendida) o algún animal en movimiento (generalmente pájaros) pueda acabar provocando un mal paso, un fallo en el cálculo y la caída al vacío.

Las posibles lesiones a las que se enfrenta un gato paracaidista son, como podremos comprobar, muy dispares. Hemos visto animales que han caído desde alturas imposibles y que no presentan lesiones, pero también los hemos visto que han fallecido en caídas “leves”.

El resultado de las lesiones puede depender de múltiples factores.  Si dejamos el factor suerte a un lado, podríamos enumerar los siguientes: la altura y velocidad de caída, lo cual afecta directamente a la capacidad de reacción del animal de poner en marcha su mecanismo fisiológico para amortiguar la caída, la zona de impacto, y finalmente, la arquitectura y elementos exteriores del edificio, dado que en la caída el animal puede encontrarse con tendederos o toldos, que ayudan a amortiguar, de alguna manera, el desastre.

Entre las lesiones más frecuentes están las fracturas (las más habituales son las de fémur, las de los huesecillos de las extremidades anteriores y las de la mandíbula) y las lesiones internas (roturas de la vejiga de la orina, traumatismos diversos en bazo, lesiones en pulmón…).

Aunque nuestro animal no presente lesión alguna tras la caída, la revisión por el veterinario es fundamental; muchas de las lesiones no dan la cara en los momentos siguientes a la caída y por ello no se debe descartar un problema ante la inexistencia de síntomas. Ante una caída de nuestro gato, se recomienda visitar al veterinario.

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