Se convierten los gatos en vándalos

¡Que no se conviertan nuestros gatos en vándalos!

Ese tierno gatito que llevamos a casa con pocas semanas de vida va creciendo, se transforma en un joven atractivo y atlético y finalmente en un adulto.

Que su temperamento sea educado, sociable, limpio y respetuoso o que se convierta en un animal agresivo, desconfiado, sucio y molesto va a depender de tu capacidad para educarlo. ¡No hagas de tu gato un vándalo” .

Tanto en el medio rural como en las urbanizaciones de chalets que circundan nuestras grandes ciudades encontramos con frecuencia gatos en semi libertad. No son gatos asilvestrados ni animales sin dueño, ellos tienen un propietario que los mantiene relativamente bien atendidos y les ofrece techo y comida, pero permite que vagabundeen, en especial por las noches, periodo de tiempo muy del agrado de todos los gatos.

LAS CALLES SON UN GRAN PELIGRO

El merodeo nocturno es una conducta natural en el gato, por lo que es aceptada sin dificultad por sus dueños, ignorantes del gran riesgo que representa para sus mascotas.
El gato que callejea está expuesto a peligrosos accidentes y al contagio de enfermedades, que no sólo pueden poner en peligro la vida del animal, sino también la del propietario y su familia. El gato que callejea puede ser importante vector de contagio de zoonosis (enfermedades transmisibles de los animales al hombre) y constituyen además un peligro para la salud pública y los otros gatos.

Las calles son un gran peligro para nuestros gatos, que se exponen a accidentes traumáticos, atropello de vehículos, peleas con otros gatos, agresiones de perros, contagio de enfermedades infecciosas, parasitarias, micóticas e incluso a perderse si tras un susto echan a correr y luego no encuentran el camino de regreso a su casa. El gato doméstico debe tener absolutamente prohibido salir de casa.

LA LLEGADA DE LA PUBERTAD

Aquel cachorrito pequeñín ha crecido, su curiosidad también, el gatito ha cumplido siete meses de edad y ha entrado en la pubertad. Ya no le basta con una cama calentita, un apetitoso platillo de comida y su bandeja de deposiciones limpia, ahora siente la necesidad de explorar el mundo.

Aunque tenga cubiertas sus necesidades alimenticias, el apetito satisfecho no inhibe su instinto de caza, ya que sus mecanismos son independientes, en los felinos la saciedad no inhibe la conducta predatoria. Para colmo, sus recién descubiertos instintos sexuales le empujan a la calle, le llevan a explorar el territorio en busca de pareja. Todo ello incrementa su deseo de vagabundear.
Fuente: grupov.es

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